domingo, febrero 10, 2008

Así, de posteriores y frecuentes visitas nocturnas al lecho de la complaciente criadita en aquella gigantesca Villa junto al mar, empezó a nacer en el joven del Sur y a pesar suyo una familiar e irreprimible ternura por la muchacha y su frágil felicidad, además de una peligrosa tendencia a respetar su condición, o mejor, a compadecerla; peligrosa por cuanto había en ello de fraterno, de consanguíneo, de herencia de un determinado destino que, justamente, el Pijoaparte no estaba dispuesto a asimilar por nada del mundo. Sería tal vez excesivo afirmar que el muchacho estaba enámorandose: por aquel entonces se enamoraba de símbolos y no de mujeres. Pero indudablemente algo semejante (cierta natural inclinación a integrarse en una trama de referencias eróticas y afectivas que a menudo le proponía, pese a él, su reprimida bondad provinciana) estuvo a punto de producirse y, en consecuencia, de dar al traste con más altas y decisivas empresas del espríritu.

Ultimas tardes con Teresa. Juan Marsé

2 Comments:

Anonymous aah condená said...

...Estos son los unicos o quizás últimos pasos que puedo dar después de perder el único camino que me llevaba hasta ese maravilloso recuerdo en el presente. Hacia donde me dirijo ahora, me pregunto, como llegar hasta allí?... Y es así que solo la sonrisa de un payaso logrará devolverme al camino para llegar hasta...

Dime
.)

8:53 AM  
Anonymous Anónimo said...

Escribeme .)

8:53 AM  

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